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Introducción al LIBERALISMO CLASICO

Filosofía Política y Macro Economía. De la Biblia y Aristóteles a Montesquieu y Adam Smith

Noah Nissani

Traducido por Myriam Nissensohn (Buenos Aires)

Copyright 1997. Distribución libre autorizada de copias no modific adas y para propósitos no comerciales.

Capítulo II -- ECONOMÍA POLÍTICA -- Parte I

Adam Smith
Adam Smith
(Enciclopedia Encarta)

Contenido:

Introducción
Antecedentes Históricos
Economía de Mercado Libre
Ley de Oferta y Demanda
Costo Marginal
Eficiencia Relativa
Plusvalía
Ahorro e Inversión
Notas
   

Capítulo I    Capítulo III    Capítulo IV    Capítulo V

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INTRODUCCION

El período que corre desde 1687 a 1789 vió el nacimiento de tres ciencias modernas: Física, Economía y Química. La Física moderna hizo su aparición con la obra de Sir Isaac Newton (1642-1727) “Principios Matemáticos de la Filosofía Natural” publicada en 1687. La Economía moderna nació con el libro de Adam Smith (1723-1790) “Un estudio sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, publicado en 1776. La alquimia se transformó en Química con la aparición del “Tratado de Química” de Antoine Laurent Lavoisier (1743-1794), publicado en 1789.

En los tres casos no fué este un proceso evolutivo, sino un gigantesco salto que involucró los nuevos conceptos, formas de pensamiento y métodos científicos, que constituyen la esencia de la ciencia moderna. Newton introdujo los conceptos básicos de fuerza, masa, gravitación e inercia, que sirven de fundamento a la física hasta nuestros días, y estableció las leyes universales que rigen el movimiento de los cuerpos tanto en la superficie de la tierra, como en el espacio estelar. Creó tambien, simultánea pero independientemente de Gottfried Wilhelm von Leibniz (1646-1716), el cálculo infinitesimal que le era necesario para sus investigacio nes. Cualquier teoría física posterior, como la Teoría de la Relatividad o de la Mecánica de los Quantum, hubo de mostrar, dentro de los límites de la experiencia ordinaria, resultados similares a los obtenidos por Newton. Como nota personal, Elhanan Leibowitz y yo nos convencimos de la aceptabilidad de nuestra expresión tensorial para la energía gravitatoria sólo después de que hubimos obtenido valores concordantes con los de Newton para la energía gravitatoria total en el entorno de una estrella (1).

La teoría de Aristóteles sobre los cuatro elementos primarios constitutivos de la materia: aire, agua, tierra y fuego, prevaleció sin ponerse en tela de juicio por más de dos milenios. Su obra “Física” (apartado II, parte 1) fue la base teórica de la alquimia medieval y de la búsqueda obsesiva de la piedra filosofal capaz de transmutar metales ordinarios en oro, del elixir de la inmortalidad y de la panacea para todas las enfermedades. Aunque Robert Boyle (1627-1691) rechazó esta especulativa teoría ya en su libro “El químico escéptico” (1661), no fue definitivamente invalidada hasta que Joseph Priestley (1733-1804) (2) y Henry Cavendish (1731-1810) demostraron que el aire y el agua eran, en si mismos, compuestos. Con su descubrimiento del oxígeno en 1774 Priestley demostró que el aire es una mezcla de gases y por consiguiente no puede ser un elemento primario. Poco después Cavendish demostró que también el agua no puede ser considerada un elemento primario, ya que es un compuesto de oxígeno e hidrógeno. Finalmente, en 1789, solo quince años después del descubrimiento de Priestley, Lavoisier estableció las bases y los métodos científicos de la química moderna.

En esta atmósfera general de crítica racional y de reemplazo de teorías especulativas por otras con bases científica, aparece el libro de Adam Smith estableciendo los principios fundamentales de la economía moderna.
Contenido

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Me arriesgaré a afirmar que el primer testimonio histórico acerca de los peligros inherentes a la economía centralizada se encuentra en la Biblia. En el capítulo anterior fué mencionada la descripción bíblica del régimen liberal que gobernó las tribus de Israel durante el período de los Jueces (app.siglos XII y XI a.C.), al que la Biblia se refiere como el reino de Dios (Samuel 1,8:7). La Biblia también nos proporciona una descripción detallada de un régimen totalitario, con economía centralizada, el que actuando aparentemente para el bienestar del pueblo, termina esclavizándolo.

José previó, de acuerdo a la crónica Biblica, siete años de abundancia seguidos por otros siete de hambre. Siguiendo el consejo de José, el sobrante producido durante los siete años de abundancia fue almacenado por el gobierno, salvando así a los egipcios de la inanición durante los años de escasez. El hambre, que también afectó a Canaán, obligó al padre de José y a sus hermanos a emigrar a Egipto, donde se establecieron en la tierra de Goshen (Génesis Cap. 41 a 47). Esta intervención del gobierno egipcio en la economía tiene empero un triste epílogo, puesto que, como se revela en Génesis (Cap. 47, versículos 13 a 25), los egipcios se volvieron esclavos del Faraón “que los movió a las ciudades de un extremo a otro de las fronteras de Egipto” (Génesis, cap. 47,21). (3).

Vale la pena notar que estos versículos tienen muy poco que ver con la historia de los judíos, por lo que están fuera de la línea narrativa principal de la Biblia. Además afectan la imagen de José como gobernante sabio, lo que parece opuesto a la tendencia general del relato. Por consiguiente, no se puede dejar de percibir que están aquí como una advertencia del peligro que implica la intervención en la economía de incluso el mejor intencionado de los gobiernos.

Debates filosóficos sobre propiedad común o privada se encuentran ya en los clásicos griegos. En “La República” de Platón, Sócrates defiende la propiedad común, incluyendo la de mujeres y niños: “Sí, y es allí, cuando todo es privado, y no reina ningún sentimiento común, en donde un Estado se desorganiza. Cuando la mitad del mundo triunfa y la otra mitad está sumergida”...”Estas diferencias normalmente originan discordancias sobre el uso de los términos, eso es mío y eso no es mío, eso es de él y eso no es de él” (Platón, La República, apartado V:215). “La posesión de las mujeres y la procreación de niños, siguen el principio general del proverbio que dice que entre amigos todo es común” (o.c. apartado IV:58).

Como vemos Sócrates es un precursor de Carl Marx y otros ideólogos totalitarios, que imaginaron una sociedad diferente, y se sintieron capaces de cambiar por decreto lo creado por Dios. Por el contrario, el liberalismo ve a la función legislativa como una investigación de las leyes de la sociadad similar a la investibación que hacen los físicos con relación a las leyes de la Naturaleza. “Fatal es la ilusión en que cae un legislador, cuando pretende que su talento y voluntad, pueden mudar la naturaleza de las cosas, o suplir a ellas sancionando y decretando creaciones” (Juan Bautista Alberdi, “Las Bases” pág.86, citando a Bernardino Rivadavia, primer presidente de Argentina (1826). Nótese que estas proféticas palabras fueron dichas veinte años antes de que se publicara “El Manifiesto Comunista” de Karl Marx (1848).

La actitud liberal con respecto a la función del legislador ha sido mal entendida y llevado a la falsa idea de que los liberales son individuos conservadores, que se oponen a todo cambio. Por el contrario, los liberales siempre han tenido una idea clara de las deseadas características del hombre y de la sociedad, y sus ideas llevaron a una profunda transformación del mundo. La diferencia principal entre Liberalismo y Totalitarismo reside en la división de funciones entre el Gobierno y los ciudadanos. “El pueblo, que detenta el poder soberano, debe hacer por sí mismo todo aquello que pueda hacer bien y lo que no pueda hacer bien, debe hacerlo a través de sus ministros” (Charles Louis de Secondant, barón de Montesquieu. “El Espíritu de las Leyes” 1,2,2 1748). De acuerdo con este principio liberal, la transformación de la sociedad debe efectuarse por si misma y no por decretos del Gobierno. De hecho, los cambios en la sociedad logrados por la revolución liberal fueron mas el producto de la abstención que de la intervención gubernamental.

Aristóteles, en contraste, fue un precursor de Adam Smith en economía y de Montesquieu en política. En el libro “Política” (II,V) de Aristóteles leemos:” La propiedad debe ser en cierto sentido común (4), pero como regla general privada, porque teniendo los hombres un interés distinto, no se quejarán uno del otro y progresarán más, porque cada uno estará atendiendo su propio negocio”.

En tiempos más modernos, la economía antes de Adam Smith se parecía a la alquimia medieval. Así como los alquimistas buscaban la piedra filosofal capaz de convertir metales ordinarios en oro, los economistas buscaban la única fuente de la riqueza y la prosperidad de las naciones. Por ejemplo, el Mercantilismo, escuela económica que prevaleció en el siglo XVII y parte del XVIII, vió en la reserva en oro la riqueza de la nación, defendiendo, por lo tanto, la restricción gubernamental de las importaciones y la promoción de las exportaciones. Remanentes de esta tendencia aparecen en los elevados derechos de aduana y subsidios a la exportación que estuvieron en uso durante la última mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Estas restricciones al libre comercio internacional, en la sangrienta primera mitad del siglo XX, dieron un privilegiado acceso a matarias primas y mercados a las naciones europeas que, como Inglaterra y Francia, poseían grandes colonias. Esto fué sin duda una ventaja económica a corto plazo, en detrimento de países menos favorecidos en posesiones coloniales, como Alemania e Italia. Esta desigualdad fué probablemente una de las causas de las dos guerras mundiales que ensangrentaron el siglo. Cuan lamentable es que fuera necesaria la muerte de millones de hombres, para convencer al mundo a que renuncie al colonialismo y retorne al libre comercio internacional.

En el siglo XVIII, el economista francés Francois Quesnay (1694-1774) fundó la escuela de los fisiócratas, la que sostenía que la única fuente de riqueza era la agricultura, dado que esta crea la materia prima, mientras que la industria y el comercio sólo la transforman y distribuyen. Al parecer la concepción fisiócrata está originada en reminiscencias atávicas de la experiencia humana al pasar de la recolección al cultivo de alimentos. El impacto de esta revolución cultural perdura hasta nuestros días en cierta diferencial relacion a la agricultura con respecto a los otros campos de la economía. Esta es quizás una de las causas de que la agricultura esté subvencionada en la mayor parte del mundo occidental.

Contra este fondo pre-científico, aparece el trabajo de Adam Smith estableciendo los principios de la economía moderna. El esfuerzo por encontrar la causa única de la riqueza de una nación, que caracterizó a los predecesores de Smith, fue reemplazado por el análisis racional de la complejidad del mercado libre caracterizado por sus mecanismos internos reguladores que lo hacen el más apropiado medio para lograr el bienestar social. Estando además adaptado a la naturaleza humana hasta el punto que aun el egoísmo humano contribuye en él a la prosperidad y bienestar general. El trabajo de Smith continua después de más de dos siglos, al igual que los trabajos de Newton y Lavoisier en física y química, sirviendo de base a la moderna economía política.

La aserción de Adam Smith de que también el egoísmo humano contribuye al bienestar general a través del mecanismo competitivo del mercado libre, ha sido mal entendido por algunos detractores del Liberalismo. Estos llegaron a afirmar que el Liberalismo promueve una conducta anti-social y falta de preocupa ción por los pobres. Nada puede estar más lejos de la ideología liberal que esta falacia. El hecho es que la naturaleza humana no es simple. Cada individuo posee un complejo conjunto de cualidades contradictorias, como egoísmo y altruísmo, en proporciones variables. Los capitalistas no son más egocéntricos ni más generosos que los obreros, y los liberales no son menos solidarios con los estratos menos favorecidos de la sociedad que los socialistas. La mayoría de los liberales clásicos tenían un fondo religioso, considerando todas las posesiones humanas, incluyendo el propio cuerpo, como un depósito temporal dado por Dios que debe ser administrado de acuerdo a su voluntad. Según el pensamiento liberal el capital es un poder que debe ser usada por los capitalistas, así como el poder político debe ser usado por políticos, para el beneficio de la sociedad. Ningún político está completamente desprovisto de ambición personal y la mayoría de de los capitalistas, de idealismo.

Aproximadamente un siglo después de la publicación del libro de Adam Smith, Karl Marx (1818-1883) publicó “El Capital” (1867), en el que aparece el “socialismo científico” como una alternativa a la economía libre. La tesis principal de Marx es que la plusvalia, o sea el exceso del precio sobre el costo, los capitalistas lo roban a los obreros. La propiedad privada de los medios de producción, es a la vez la causa y el resultado de este robo, constituyendo un circulo vicioso que perpetúa la explotación y miseria de la clase obrera. Por consiguiente, a fin de crear una sociedad mas justa, la propiedad social de los medios de producción debe reemplazar a la empresa privada. No obstante, Marx reconoce que la plusvalía será también necesaria en una economía socializada a los efectos de permitir el desarrollo de nuevas fábricas. Lo que Marx falla en explicar es porqué empleados gubernamentales manejarán la plusvalía más eficazmente que los capitalistas. Hoy, después del universal derrumbamiento de los regímenes marxistas, de los centenares de millones de muertes violentas en el proceso de imponerlos, y la secuela de miseria, crimen, prostitución y desastre ecológico, que el marxismo dejó detrás de sí, sus falacias se han puesto en evidencia.

Hoy la economía liberal enfrenta un menos científico y más instintivo, o quizás demagógico, adversario. Nosotros lo llamaremos “la curva del perro”. Esencialmente ello consiste en una manera instintiva de pensamiento similar al camino seguido por un perro al correr detrás de su presa. Esto es, corriendo en derechura al lugar donde esta se halla. Dada la trayectoria de una liebre en su huida, el lugar donde se encuentra el perro al comienzo y las velocidades respectivas, encontrar el camino seguido por el perro es un conocido ejercicio de cálculo. Esta conducta instintiva del perro difiere de la más racional de, por ejemplo, un piloto militar, quien para interceptar un avión enemigo volará hacia un punto situado delante de su posición actual.

En temas económicos hay numerosos ejemplos de razonamiento que recuerdan en su lógica a “la curva del perro”. Uno de ellos está en la base misma del “socialismo científico” de Marx. Contrastando en el siglo XIX la riqueza de los capitalistas con la miseria de los obreros, estaba claro, según la lógica del perro, que transfiriendo la propiedad de las fábricas de los capitalistas a los obreros, mejoraría la suerte de estos. La experiencia universal ha mostrado el catastrófico resultado de esta lógica perruna. Un ejemplo contemporáneo de “la lógica del perro”, reside en la creencia de que es posible favorecer a los pobres subvencionando productos por medio del dinero tomado a los ricos. La falacia en este caso es doble, por un lado los subsidios perturban el proceso competitivo retardando la modernización de maquinarias y medios de producción, que es la única manera real de aumentar el poder adquisitivo de los sueldos. Por otro lado, en lugar de reducir el nivel de vida de los ricos, en la práctica el dinero es tomado de la parte de las ganancias dedicadas a la creación de nuevos empleos y a la mejora de los medios de producción. Por consiguiente esta política populista retarda el mejoramiento del nivel de vida de las masas y aumenta el desempleo.

Otros ejemplos de la “lógica del perro” se dan en el aumento de los impuestos a las importaciones y subvenciones a las exportaciones con el objeto de conservar puestos de trabajo; aumentos de sueldos a expensas de las ganancias, etc. En la práctica, todas estas medidas actuan en sentido contrario a su supuesto objetivo.
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ECONOMÍA DE MERCADO LIBRE

La economía se divide en “macro” y “micro” economía. La primera se ocupa de las leyes que gobiernan la economía del mercado en su conjunto, mientras que la segunda se ocupa de la economía de las empresas. Esta introducción solo trata de macro economía, la que fué denominada “economía política” hasta la década del treinta.

Las leyes de la macro economía son por su naturaleza de caracter estadístico, es decir, sólo establecen relaciones entre valores medios y no dicen nada sobre los casos particulares. Son en este sentido similares a las leyes de la física estadística, como por ejemplo las leyes de los gases ideales que relacionan la temperatura con la velocidad molecular media, sin dar información alguna sobre la velocidad particular de una molécula dada. La física estadística trata de las leyes de los “gases ideales” en lugar de las de los “gases reales”, dado que el comportamiento de estos últimos es demasiado complicado y los resultados obtenidos por la simplificación involucrada en su idealización se aproximan lo suficiente para la mayoría de los fines prácticos. El mismo principio puede aplicarse a las leyes de la macro economía. Aunque estas leyes son exactas para “sociedades ideales”, proporcionan una visión útil del acontecer en las sociedades reales.

Este capítulo está basado en las ideas expuestas por economistas de los siglos XVIII y XIX, cuyos representantes más prominentes fueron Adam Smith (1723-1790), Jean Baptist Say (1767-1832), autor de “Un tratado sobre economía política”(1803), David Ricardo (1772-1823),en su obra “Principios de economía política e Impuestos” (1817) y John Stuart Mill (1806-1873), en “Principios de economía política” (1848). En el próximo capítulo serán consideradas contribuciones posteriores, como las de John Maynard Keynes (1883-1946) en “Teoría General del capital e intereses” (1936) y Milton Fridman en “Teoría de la función del consumo” (1957).

Las secciones siguientes tratan de las relaciones entre los valores medios de sueldos, precios y ganancias en una “sociedad ideal” caracterizada por libre competitividad en un cuasi-estático y aislado mercado de grandes proporciones. La competitividad debe ser libre de perturbaciones internas y externas, tanto gubernamentales como monopólicas. Debe ser un mercado aislado sin interacción con mercados externos, pero que puede estar formado por muchos mercados interactuando libremente entre sí. El número de personas y de empresas debe ser lo bastante grande como para permitir resultados estadísticos confiables. También su existencia debe prolongarse, con todos sus sectores, por un período lo suficientemente largo como para alcanzar un estado cuasi-estático, es decir, un estado en el cual los cambios son lo bastante lentos como para permitir ser considerados como una sucesion de estados estáticos, similar a la serie de cuadros que constituyen una película.

Estas condiciones son similares a las requeridas por un gas para ser considerado “gas ideal”. Así como ningun gas es ideal, tampoco en ninguna sociedad se encuentran todos estos requisitos. No obstante, las conclusiones obtenidas, estudiando el comportamiento de un gas o sociedad ideal, son útiles para entender el comportamiento de gases o sociedades reales.
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LEY DE OFERTA y DEMANDA

Todos hemos oído hablar de la ley de oferta y demanda que determina los precios en un mercado libre. Cuando la demanda excede a la oferta los precios suben, mientras que cuando el suministro excede a la demanda, estos bajan. Cuando la demanda de un producto excede su suministro, el alza en su precio estimula su producción y por ende aumenta el suministro. Al mismo tiempo el precio alto desalienta a los compradores potenciales, disminuye la demanda y baja el precio. Finalmente se logra un equilibrio entre el suministro y la demanda y se estabiliza el precio del producto.

El mecanismo antedicho es correcto, pero esto no es todo. Para entender la conducta del mercado libre deben introducirse tres conceptos adicionales: Costo marginal, eficiencia relativa y plusvalia.


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AHORRO e INVERSION

En toda sociedad la mano de obra está dividida en dos categorías: aquellos que producen mercadería para su presente consumo, y aquellos que trabajan con vistas a la producción futura. Por ejemplo, mientras unos producen alimentos, vestimenta, etc., los otros construyen fábricas o desarrollan nuevas herramientas o mercaderias. La totalidad del trabajo de estos últimos constituye el “ahorro social o inversión” presente aún en las sociedades más primitivas, ya sea preparando el suelo para los futuros cultivos o plantando árboles que darán sus frutos en el futuro.

Desde el punto de vista económico, ahorro e inversión son conceptos equivalentes, que implican que aquellos que producen mercadería para el consumo actual deben compartirla con quienes están preparando la producción futura. Por consiguiente, ahorro e inversión representan una renuncia colectiva a una parte del consumo en el presente a favor de un mayor o mejor consumo en el futuro.

En la sociedad moderna, los conceptos de ahorro e inversión se complican de algún modo por consideraciones financieras y contables, y aunque ya no son por fuerza cuantitativamente idénticos, su equivalencia refleja una economía sana. En términos financieros, el ahorro es la diferencia entre el ingreso disponible, o sea salarios y ganancias despues de deducidos los impuestos, y el gasto en consumición. Es por lo tanto igual a la suma de las partes A+B de la plusvalía mas el total de las sumas ahorradas por los obreros para su planeado o contingente uso en el futuro. Mientras que inversión es el gasto actual con miras a la producción de artículos de consumo en el futuro.

El ahorro es la principal fuente de recursos de la inversión pero no la única. Los impuestos son tambien parcialmente invertidos en infraestructuras o en empresas gubermentales, y en mercados no aislados la inversión extranjera debe ser tenida en cuenta. La línea de separación entre consumo e inversión no está siempre claramente definida habiendo áreas grises, como en los sectores de educación y construcción. Nosotros asumiremos que los impuestos son el pago por los servicios prestados por el Gobierno y por lo tanto son parte del consumo. Asimismo consideraremos solo mercados aislados, y no tendremos en cuenta inversión extranjera ni inversión nacional en mercados extranjeros.

Ahorro e inversión pueden diferir porque las decisiones en cada una de estas áreas son tomadas por distintas personas. Los ahorros son tanto de empresarios como de obreros mientras que los inversores son solamente los empresarios. Es posible por lo tanto que estos últimos no estén dispuestos a usar todos los ahorros disponibles, o que parte de los ahorristas pueda preferir maneras alternativas de conservar su dinero sin ponerlo a disposición de los empresarios. Ambos casos conducen al uso improductivo del ahorro, como ser acumulación de dinero en efectivo, piedras y metales preciosos o adquisiciones especulativas de propiedades y acciones. La inversión en la bolsa de valores es por si económicamente positiva, ya que facilita la financiación de inversiones por medio de la emisión de nuevas acciones. También las empresas constructoras dependen de los compradores como toda otra actividad productiva. Empero, la mera transferencia de acciones o propiedades de una mano a otra no se ajusta a la definición de inversión como gasto actual con miras a la futura producción de artículos de consumo.

El desequilibrio entre ahorro e inversión induce la especulación en acciones y bienes inmuebles causando el alza artificial de sus precios por encima de sus valores reales. Ello genera una situación económica peligrosamente inestable, conocida como “burbuja financiera”. Esta suba artificial del valor de los ahorros crea una falsa ilusión de riqueza que induce a una reducción de los ahorros y a un aumento del consumo, rompiéndo el equilibrio entre las respectivas ofertas y demandas en los ramos de consumo e inversión. La demanda excesiva de productos de consumo resulta en inflación, al mismo tiempo que el exceso de oferta puede conducir a desocupación en los ramos de inversión.

Cuando este proceso es lento, permite el paso gradual de mano de obra de los ramos de inversión a los de consumo, y el mercado pasa simplemente de un estado de equilibrio a otro, con una distribución diferente entre gastos de inversión y consumo. Sin embargo, si el proceso es rápido puede haber un retraso notorio entre el despido en un sector y la absorción en el otro, por el tiempo e inversiones necesarias para crear los nuevos puestos de trabajo, pudiendo resultar en una recesión general. Grandes aumentos en los valores de acciones y bienes raíces, precedieron las mayores crisis económicas, como la mundial recesión de los años 30, y más recientemente la crisis económica del Japón que desestabilizó el sistema bancario.

La causa principal del desequilibrio entre el ahorro y la inversión reside en condiciones políticas adversas que desaniman a los empresarios a afrontar los riesgos inherentes a la promoción de nuevos empresas. Estas condiciones adversas generalmente son: inestabilidad política, impuestos elevados, excesiva intervención gubernamental, leyes obreras y burocracia. Fué sólo después de que la ideología liberal introdujera el “laissez faire laissez passer”, que la “riqueza” se convirtió en “capital”, o sea que la inversión en empresas reemplazó a la inversión en propiedades y metales preciosos. Por siglos, el ahorro basado en bienes transportables o facilmente realizables fue una entendible precaución contra la inestabilidad política y los regímenes totalitarios.

La intervención gubernamental, como socio forzado en las ganancias, pero no en las pérdidas, es un fuerte disuasivo de la inversión. Por otra parte, cuanto más rico es el contribuyente, menos afectado resulta en su nivel de vida por los impuestos. Por consiguiente la demagógica justificación del impuesto a los réditos, de tomar dinero a los ricos y darselo a los pobres, es incorrecta. En la práctica, el impuesto a los réditos es deducido de los fondos destinados a la inversión, retardando con ello la creación de nuevos puestos de trabajo y la mejora del nivel de vida de las masas. La economía puede compararse a un sistema de vasos comunicantes, con los más gruesos abajo y los más delgados arriba. Cualquiera sea el sitio de donde el líquido se saca, los vasos delgados seran siempre los vacíos.

En términos contables las empresas establecidas con la inversión del ahorro son formalmente, en el mercado libre, propiedad de los capitalistas, y en una proporción creciente, de aquellos obreros que invierten sus ahorros en acciones, mientras que en los regímenes socialistas las empresas pertenecen al gobierno. Empero, la verdadera diferencia está en quien es el administrador del ahorro. Lo que realmente hace diferencia desde una perspectiva social es la eficacia con que se invierten los ahorros, a fin de lograr mejorar la relación salarios/precios, crear nuevos puestos de trabajo y permitir a mayor número de personas el acceso a mayor número de artículos.
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Notas

1. Nissani N. and Leibowitz E.,”Experimental Facts and Gravitational Energy in General Relativity”. International Journal of Theoretical Physics, Vol.31, No. 12, Pg. 2065, (1992).

Abstracto:

“Se muestra la existencia en el espacio-tiempo curvo de sistemas de coordenadas en las que la energía-momentum se conserva globalmente. Estas coordenadas comparten las características experimentales de las coordenadas inerciales del espacio plano. La caída de materia en un campo gravitatorio es estudiada a la luz de la conservación de la energía-momentum válida en dichas coordenadas. Se emplea una expresión tensorial recientemente propuesta para la energía gravitatoria.Retorno

2. Joseph Priestley (1733-1804) fue también uno de los fundadores del Liberalismo moderno en las areas de religión y educación, en las que se opuso a toda intervención gubernamental. Es autor, entre otros trabajos político filosóficos, de “An Essay on the First Principles of Government and of Nature of Political, Civil and Religious Liberty” (1771). Retorno

3. La nueva versión de Biblia del Rey James, traduce la palabra “avadim” como “sirvientes”, mientras en otras traducciones usan la expresión “esclavos virtuales”. “Esclavos” es una traducción del término hebreo, que se ajusta más al contexto. Por ejemplo, el versículo 23 dice: “Verdaderamente te he comprado a ti y a tu tierra en este día para el Faraón”.Retorno

4. Aristóteles se refiere al Estado y al ejército como “propiedad común”. Por lo tanto no tiene relación con lo que actualmente llamamos economía mixta.Retorno

5. La existencia de pares de cantidades conceptualmente diferentes pero cuantitativamente iguales es una característica de la economía. Retorno

6. El hacendado es , sin lugar a dudas, el más cuestionable de lo copartícipes del pan del granjero. Mientras otras formas de propiedad están avaladas por el derecho natural de lo obtenido por el propio esfuerzo, la del terrateniente está originada en un acto primario de violencia y usurpación. Por otra parte, la propiedad de otros medios de producción, tales como fábricas, requiere constantemente de la iniciativa, la investigación, la administración y otros cuestiones que no le conciernen al hacendado. Los Liberales se han preocupado siempre por este aspecto cuestionado de la propiedad privada. La Biblia, la más antigua fuente de Liberalismo, previene el latifundio, estableciendo que la tierra no puede ser vendida para siempre, y cada 50 años, en el jubileo, la tierra debe ser restituida a sus dueños originales. En tiempos modernos, algunos liberales han apoyado la reforma agraria, o sea que la tierra pertenezca a quien la cultiva. El problema de la reforma agraria reside en el hecho de estar basada en la “unidad económica”, o sea la cantidad de tierra que puede ser cultivada por una familia tipica de granjeros. La extensión de una unidad económica es función de los medios de producción, los que han cambiado radicalmente desde el comienzo de la Revolución Industrial. Lo que en un tiempo fue una unidad económica satisfactoria, rápidamente dejó de ser suficiente para mantener una familia agrícola. El parcelamiento de la tierra en unidades económicas resultó en el abandono de grandes extensiones de tierra fertil, y la agricultura dejó de ser una rama autosuficiente de la economía, pasando a ser subsidiada en gran parte del mundo occidental. Retorno

7. La exactitud de este razonamiento, como de todos aquellos que se basan en estados de equilibrio, requieren la presunción de estados cuasi-estáticos. Cuando el desempleo masivo ocurre súbitamente, es necesario tener en cuenta la declinación abrupta del poder adquisitivo del sector desocupado, y el tiempo de reacción necesario para la reactivación de la economía. La reubicación de los obreros desocupados requiere capital disponible para el establecimiento de nuevas indusrias, así como un ambiente político-social que dé confianza a los inversores para arriesgar este capital. La ausencia de una o de las dos condiciones explicaría porque la revolución industrial no se dio en el Tercer Mundo. Retorno

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